Antes de fotografiar una vivienda hay que cuidar todos los detalles que puedan afectar a la percepción del espacio. La cámara registra mucho más de lo que parece: polvo, cables, arrugas, objetos personales, reflejos, manchas en espejos, persianas mal colocadas o muebles desordenados.
Los puntos más importantes suelen ser cocina, baños, dormitorios y salón. La cocina debería estar despejada, sin utensilios innecesarios ni productos visibles. Los baños deben verse limpios, con espejos cuidados y sin objetos personales. Las camas tienen que estar bien hechas y los textiles colocados con orden.
También conviene revisar luces, cortinas, cojines, alfombras, mesas, terrazas y zonas exteriores. Si hay plantas, decoración o elementos que aporten calidez, deben estar colocados con intención y sin saturar la escena.
Otro detalle importante es retirar información privada: fotografías familiares, documentos, nombres, matrículas, objetos de valor o cualquier elemento que no deba aparecer publicado en internet.
Cuando los pequeños detalles están cuidados, las fotos parecen más limpias, la vivienda transmite más confianza y el anuncio gana presencia visual.







