El retoque fotográfico tiene un papel importante en la fotografía inmobiliaria, pero debe utilizarse con criterio. Su función principal es mejorar la presentación de la imagen, corregir pequeñas desviaciones de luz, color, contraste o perspectiva, y conseguir que la vivienda se vea limpia, equilibrada y natural.
Un buen retoque puede corregir dominantes de color, ajustar ventanas demasiado brillantes, recuperar sombras, mejorar la sensación de luminosidad y enderezar líneas verticales. Estos detalles hacen que una fotografía parezca más profesional y que el anuncio transmita más confianza.
Lo que no debería hacerse es transformar la vivienda hasta que deje de parecer real. Cambiar materiales, eliminar defectos importantes o crear una imagen engañosa puede generar expectativas equivocadas y perjudicar la visita posterior.
La edición debe ayudar a que la vivienda se entienda mejor, no a disfrazarla. Cuando el retoque está bien aplicado, el resultado parece natural y el usuario percibe el inmueble con más claridad.







